Elige una bodega
Es una bodega que hay que ver aunque no se beba vino. La proyectó Álvaro Siza Vieira, premio Pritzker, y es un volumen blanco y limpio tumbado sobre la Herdade das Argamassas, en medio de la viña: la primera bodega de autor de Portugal. La terraza de la azotea mira al Alentejo entero. La levantó Rui Nabeiro en su tierra, Campo Maior, y la visita empieza por ahí: un film en su auditorio cuenta de dónde sale todo esto antes de bajar a ver cómo se hace el vino. Después se cata, y a partir de ahí cada uno elige hasta dónde quiere llegar —hay ocho maneras distintas de estar aquí, de una hora a un día entero—. Y hay dos cosas que la hacen encajar donde otras no encajan. Una: abre los siete días de la semana hasta las seis de la tarde, así que una visita cabe después de jugar por la mañana sin negociar nada. Otra: está a un paso de Badajoz, o sea en la carretera por la que se entra a Portugal desde Andalucía.




Fotografías cedidas por Adega Mayor, propiedad del establecimiento
El film en el auditorio, el recorrido por la bodega y una cata de dos vinos de la casa, y al final la terraza. Es la puerta de entrada y la de aforo más amplio: un grupo grande entra entero y sin avisar.
La misma visita con tres vinos y una selección de la tierra: tabla de quesos, tabla de embutidos, y pan con aceite.
Monovarietales —cada uva por separado— contra distintos chocolates artesanos. Es la que mejor funciona con quien dice que el vino no le dice nada: ahí se entera de que sí.
Se visita la bodega y después se baja andando —o en coche— hasta la propia viña, y se come bajo un alcornoque: recetas de la tierra y los vinos de la casa, con la bodega blanca al fondo. Desde dos personas: es el plan de pareja.
Dos horas haciendo vino. Se catan tres monovarietales por separado, se decide la proporción y la mezcla que salga se embotella con la etiqueta del cliente para llevársela, con camiseta y diploma. La propia casa la plantea como actividad de equipo: es lo mejor que tenemos para un viaje de empresa.
Dos horas y el escalón serio: se baja a la sala de barricas, se catan seis vinos comentados, se hace una cata a ciegas y hay experiencia de aromas. Para quien ya sabe de vino y quiere que le cuenten algo nuevo.
Lo da Donatília Vivas, responsable de enoturismo de la casa, sommelier WSET 3 con veinte años de oficio: cómo se produce, cómo se conserva, cómo se sirve y cómo se cata, con diploma y regalo al final. Es el día sin golf resuelto.
Dos horas y media con Carlos Rodrigues, el enólogo de la casa, y una selección que nunca es la misma: los elige él y los comenta él. Es la que más alto llega de la carta y no se repite.
Parece un detalle y es lo que lo cambia todo. Nuestras otras bodegas obligan casi siempre a elegir entre el golf de la mañana y el vino; ésta no. Se juega, se come y a las cuatro se entra en la bodega, cualquier día de la semana, domingo incluido. Es la única del catálogo de la que se puede decir eso.
Adega Mayor se reserva a través de nosotros: ponemos la hora, avisamos a la bodega y, si lo quieren, el traslado. Encaja sobre todo como la entrada a Portugal desde Andalucía —está en la propia carretera, junto a Badajoz—, o en una estancia con base en Évora, a 1 h 10. También funciona bien como viaje de empresa e incentivos (Enólogo por un día, de 6 a 12 personas) o como el día que no se juega: el curso de vino ocupa la jornada entera. Atienden en portugués, inglés y español, y en otros idiomas bajo petición; el edificio es accesible, con ascensor. Díganos quiénes viajan y qué les apetece, y se lo cerramos con la hora puesta, el precio en firme y la reserva ya hecha.